Voluntariado en Kenya (Isla Mfangano)

Hacer un voluntariado era una de las cosas que deseaba experimentar desde hace unos años. En noviembre 2018 tuve la oportunidad de emprender mi aventura durante dos semanas hacia Kenia, concretamente en una pequeña isla de pescadores del lago Victoria llamada Mfangano. Sin duda alguna, fue una de las mejores decisiones que he tomado y de las mejores experiencias que he vivido.

En el Aeropuerto de Nairobi. La mochila grande va llena de cosas para los niños

Antes de todo, estuve días buscando diferentes asociaciones, investigando todos y cada uno de sus valores, las condiciones del voluntario, etc. Hasta que me topé con la Asociación Índigo (www.asociacionindigo.com), una asociación familiar de Barcelona (la cual está en máxima expansión) formada por Sandra Borrás. Pero su origen viene por un matrimonio keniata de la isla. Todo empezó en 2003 por el matrimonio formado por Peter y Jane Odhiambo. La pareja decidió empezar a ayudar a algunos niños y niñas de la isla por la situación de desamparo en la cual vivían. Comenzaron por dejar su espacio para jugar y que pasaran las tardes, darles de comer y facilitarles ropa. El proyecto empezó a crecer muchísimo hasta que en 2016 Sandra visitó la isla y decidió crear la asociación para ayudar a financiarles y crear nuevos proyectos. Juntos crearon Saint Mary’s School and Orphanage, un centro de acogida para niños y niñas huérfanos de entre 3 y 11 años en situación de extrema vulnerabilidad o desamparo debido a situaciones familiares muy complicadas. Esto viene a ser que muchos de ellos han tenido que vivir maltratos, trabajos muy duros con pocos años y abandonos del padre, por lo la madre no podía mantenerlos ni ofrecerles sus necesidades básicas. Además de ejercer como orfanato, también funciona como escuela, donde los niños van y aprenden cada mañana. Aunque viven allí, durante el período vacacional pueden también ir a ver a sus familias.

La escuela
La habitación donde hay literas. Sólo hay una y se está construyendo otra
También han construido un tanque de agua
La casa de los voluntarios
Construyendo la nueva habitación
Cada domingo hay misa, donde los niños bailan y cantan. Peter y Jane son los que moderan la ceremonia.

Con solo pisar el suelo del orfanato, todos los niños me recibieron con sonrisas y alegrías. Me preguntaron sobre mí, me abrazaron… La sensación que tuve fue inexplicable. Los días se me pasaron volando. Es increíble ver cómo te muestran tanto cariño con tan poco. Es imposible estar un minuto en soledad porque en nada ya te viene alguno dándote un abrazo o querer jugar. No imaginé que los echaría tanto de menos. Llegué con la idea de poder aportar mi granito de arena, pero me fui sabiendo que fueron los niños los que me aportaron felicidad, cariño y alegría, además de enseñarme mucho más de lo que podría aprender en cualquier viaje. De lo único que me arrepiento es haber estado tan poco tiempo. Al principio, cuando llegué, me sentí un poco desubicada porqué todo es nuevo y diferente. Hay muchos niños y niñas (¡ahora hay más de 100!) y muchos nombres que quieres aprenderte rápido y es bastante complicado. Pero a medida que pasan los días me sentí como en casa. Por eso recomiendo mínimo estar un mes, para poder adaptarte plenamente. Estoy segura que si repito (eso espero) pasaré más tiempo.

Mi querida Emily… cuánto la echo de menos
Naomi con un perro cachorrito

También es asombroso ver cómo siendo tan pequeños se cuidan por sí solos. Cada mañana bajan al río con garrafas para llenarlas y así tener agua durante todo el día. Esas garrafas pueden llegar a pesar unos 10 quilos que yo apenas podía subir. También bajan al río a ducharse, es bonito ver como los más mayores ayudan a los pequeños a fregarse el jabón por el cuerpo. Montan y desmontan la clase para poner los colchones y dormir allí. Ahora mismo sólo hay un dormitorio (se está construyendo otro) pero al no caber todos hay que utilizar la clase para dormir. Además, se está construyendo una cocina que poco a poco va tomando forma y que en junio tienen pensado inaugurarla. Será un paso muy importante porque los niños dejarán de comer en el suelo sin techo. La escuela cuenta con dos aulas y con la casa para los voluntarios. La asociación acepta voluntarios durante todo el año. Para colaborar hay que hacer una aportación económica para cubrir los gastos de alojamiento (10€ al día) y comida diaria (unos 4€ y entra desayuno, comida y cena). Tenéis muchísima más información en su página web.

Subiendo las garrafas de agua

Tareas del voluntario

Una de las cosas que más me cautivaron de esa asociación es que hay mucha flexibilidad a la hora de realizar las tareas de los voluntarios. Existen varias labores que los mismos voluntarios escogen y se reparten entre ellos para hacer. Os cuento un poco cómo era mi día a día y las funciones qué hacíamos:

A primera hora de la mañana un par de voluntarios bajaban al río a ayudar a la cocinera a limpiar los platos de la cena anterior. Otros más subían a un recinto donde se quema la basura, y también les daban la comida sobrante a las gallinas. Otros preparaban el desayuno de los niños y el que quisiera podía ir a ayudar a preparar el desayuno de los voluntarios.

Desayunando

En mi caso, viajé entre noviembre y diciembre, época vacacional de los niños, así que no iban a la escuela y tanto por la mañana como por la tarde se podían preparar actividades lúdicas. Por la tarde, los voluntarios también preparamos la merienda y después de cenar les ayudamos a limpiarse los dientes y los llevamos a dormir. Además también puedes ayudar en pintar/construir la cocina o la habitación que se están construyendo. ¡Así que cualquier aportación vale muchísimo!

Llevé una pelota de voleibol y disfrutamos un montón
Jugando en el lago Victoria
Juego de las sillas

Otra de las tareas que hacíamos era ponerles una película uno o dos días a la semana, justo antes de cenar. Con un proyector en clase y una buena película de dibujos, los niños eran súper felices. ¡Se reían tanto!

Algunas tardes, los voluntarios llevábamos algunos niños al centro de la isla, en Sena. Íbamos a comer patatas fritas, paseábamos por la orilla… era una manera de salir de su zona de confort y tenían la oportunidad de ver más allá del orfanato. También, en algunas ocasiones, íbamos hacia la ciudad de Mbita, más conocida, más grande que Sena y con más cosas para comprar. Hay un sitio donde hacen un pollo con patatas fritas riquísimo. Es una sensación muy enriquecedora ya que los niños se lo pasaban en grande.

Milton gozando de su pollo con patatas
De camino a Mbita nos encontramos con pueblos costeros como este

La isla de Mfangano

Ubicada en la parte oriental del lago Victoria, la isla de Mfangano tiene 65 km² de superficie y se eleva hasta 1.694 metros en el Monte Kwitutu. Al estar rodeada por el lago Victoria, da mucha vida a la isla. Gracias a ella, la gente puede bañarse y ducharse, limpiar la ropa, beber y sobre todo pescar. Es una isla montañosa, verde tropical y a pie de lago, es el lugar perfecto donde vivir. Sena es la “capital” de la isla, donde los voluntarios van a comprar comida, bebida y todo lo que necesiten. La verdad es que se puede encontrar casi de todo, incluso si quieres ponerte más internet en el móvil. Los domingos hay el mercado, por lo que recomiendo ir a ver el ambiente y comprar alguna cosa.

En el mercado de Sena

A unos 40 minutos andando del orfanato, hay un sitio que le llaman “La Roca”, un mirador precioso para gozar de los atardeceres africanos.

Vistazas desde La Roca

En el orfanato, al tener el lago delante nuestros ojos y que el sol justo se escondía detrás de él, ¡cada día teníamos atardecer asegurado! Era precioso ese momento con todos los niños.

Sanidad y vacunas

En el orfanato también hay una pequeña enfermería para la necesidad básica. Los medicamentos son uno de los recursos que más escasean en la isla (como la leche en polvo y cereales). Una de las labores más importantes del voluntario es acompañar a los niños y niñas en el hospital y el centro de salud de la isla cuando están enfermos. Al beber agua del río (la cual está contaminada), cogen muchas infecciones estomacales. Yo también me encontré que tenían tiña y sarna.

Hospital público de Sena

Todos aquellos que estéis interesados en realizar el voluntariado hay que vacunarse para viajar a Kenia. Las vacunas son la de la Fiebre Amarilla, el Tifus y la Meningitis, además de ya estar vacunado de la Hepatitis A y B. También tendréis que tomar unas pastillas cada día durante la estancia para no contraer la Malaria. Un consejo: cuando llaméis al Centro de Vacunación, informaros de que si vais a hacer un voluntariado os las pueden hacer gratis o reducir el precio (a mí me descontaron más de la mitad). También es recomendable (como en todos los países exóticos) llevar repelente de mosquito, aunque yo apenas lo usé. Cuesta de creer, pero en la zona donde vivíamos no había mosquitos que picaran (excepto el de la malaria), solamente unos bichos minúsculos llamados “Sams” que básicamente molestaban, pero que había infinitos. Vais a dormir con mosquiteras, así que estad tranquilos.

Comida

Una de las dudas que siempre surgen o me preguntan es: ¿Cómo estará la comida?, ¿Pasaré hambre? No os preocupéis, yo no tuve ningún problema con la comida. Una cosa tenedla clara: no pasaréis hambre. Aunque no lo parezca, allí comen bastante, los niños comen 5 veces al día. La cocinera también prepara la comida para los voluntarios, pero los platos se suelen repetir: arroz, pasta, verdura, soja texturizada, habas, lentejas y chapatis (una masa tipo crep buenísima). A veces hacen la comida “top” como patatas fritas o tortilla revuelta. Para desayunar teníamos los mandazis, un dulce típico africano (aunque también se puede cocinar salado), que es como una masa elaborada de agua, azúcar, harina, levadura y leche. ¡Muy bueno! La verdad es que todo lo encontré riquísimo (excepto la soja y las habas jajaj). Lo que sí que recomiendo (y os va a recomendar la asociación) es que llevéis algo de comida como atún y tomate para el arroz, embutido, frutos secos… para que no se os haga pesado siempre comer lo mismo.

Los Mandazis
Hubo un día que los voluntarios cocinamos espaguetis con salsa de tomate ¡Riquísimos!

Visado y seguro médico

Para entrar a Kenia es necesario tener un visado. Se puede obtener fácilmente online siguiendo unos pasos a través de este link: http://evisa.go.ke/evisa.html, crearse una cuenta y, una vez creada, ir al apartado “Apply for Single Entry Visa”. El precio son 51$ y necesitarás una foto carné escaneada, copia del pasaporte y un documento de los vuelos o alojamiento. No es difícil. Además, la asociación os facilitará un documento con toda la información necesaria.

También es súper necesario tener un seguro médico de viaje, ya que nunca sabes qué puede pasar con tu salud. En lugares como el que estuve es muy fácil enfermar por cualquier cosa. Pensad que teníamos que beber y limpiarnos los dientes con agua embotellada. Yo siempre utilizo IATI VIAJES. Si pincháis en este ENLACE tendréis un 5% de descuento. Podéis escoger diferentes modalidades en función de vuestra estancia.

Transporte

Hasta llegar allí es toda una odisea, ya que puedes estar prácticamente un día entero viajando. Pero el trayecto vale muchísimo la pena. Hay varias formas de llegar (la asociación te lo explica muy bien una vez te apuntas como voluntario), pero siempre recomiendan una forma. Una vez en Nairobi (donde ya habrás cogido dos aviones), hay que coger otro avión hacia Kisumu. Allí os esperará un taxista que os acompañará a sacar dinero y haceros la tarjeta SIM. Después de una hora y media de taxi llegaréis a un pequeño pueblo que se llama Lwanda, desde donde salen los waterbuses (ferris) hacia Mbita, una ciudad en la orilla del lago un poco más al sur. Tendréis que hacer transbordo en Mbita para coger otro ferri hasta la isla. El waterbus os dejará en Sena, la “capital” de la isla y donde iréis a comprar normalmente. Una vez en Sena, os esperan 30 minutos en moto, o piki-piki (como las llaman allí, en swahili) en un camino de arena y piedras. ¡Y luego la vuelta! (con tristeza incluida). Una aventura total, ¿verdad?

¡Llegamos a ir 3 + 2 niños en moto!

Combinar el voluntariado con un safari

Aunque yo no tuve la suerte de hacerlo, muchos voluntarios combinan su experiencia con un safari africano. En Kenia hay uno de los más famosos de África, el Masai Mara. Puede durar 2 o 3 días o incluso una semana. La verdad es que es una buenísima opción para completar esta increíble experiencia. Lo podéis hacer antes o después de vuestra estancia. Durante no, ya que queda un poco lejos, y os pilla entre el aeropuerto de Nairobi y el orfanato.

Los voluntarios

Finalmente, quiero hacer especial mención a todos los voluntarios y voluntarias con los que coincidí (sobre todo a mi primo Pol, con quien compartí esta experiencia). La verdad es que tuve mucha suerte de poder vivir esos días con ellos, tuvimos una conexión increíble. Cuando hay buen ambiente las cosas fluyen por sí solas. Está claro que sin ellos este viaje no hubiera sido lo mismo. Es tan bonito que el destino te haga coincidir con gente alrededor del país, de personalidades distintas, pero que nos une un mismo objetivo. Espero que el tiempo nos haga reencontrarnos una vez más.

¡El mejor grupo de voluntarios!

Hasta aquí mi post sobre mi experiencia como voluntaria. Espero que con este post os haya convencido si estabais pensando en realizar un voluntariado. Cualquier duda que tengáis escribidme y estaré encantada de ayudaros.

¡La familia!

Un Comentario

  • Sonia

    Hola Nadia! Gracias por tu post, todo súper bien explicado!! Hace tiempo que tengo ganas de realizar un voluntariado y esta asociación me parece ideal! Me gustaría saber aprox el presupuesto del viaje completo para hacerme una idea. Gracias de nuevo!!

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